ENTRE AGUAS

Exposición individual de Alejandra González Soca,
Curaduría de Camila Arbeláez.
Junio-Setiembre 2026


En 2022, Alejandra González Soca regresa al departamento de Maldonado, después de más de 30 años viviendo fuera de él. De este desplazamiento, tanto interno como externo, inicia la construcción de una relación con el lugar, decantada y colmada de actos cotidianos de reconocimiento, una recopilación de años: elegir una caracola especial, no más de una, encontrada en una deriva por la playa; hacer tomas espontáneas de video, en el arroyo, en la laguna; nadar en mar abierto; dibujar, fotografiar, recolectar, organizar, oler, escuchar. Volver al estudio, jugar-pensar, transformar. 

En esta primera muestra individual en Magma Futura, después de su mudanza a la localidad de Ocean Park en Maldonado, el acto de mostrar/desplegar viene para dar sentido a todos estos movimientos. A la decisión de transferirse, al reencuentro con un territorio ya conocido, a los ejercicios para re-familiarizarse, para dejarse atravesar por esa confluencia de aguas entre la laguna del Sauce, el Arroyo del Potrero y el fin de la transición del estuario del Río de la Plata, en su flujo hacia el océano Atlántico. Cruces que revelan también conflictos de índole política y medioambiental, de un territorio en amenaza constante por la degradación ecológica y la especulación inmobiliaria.
La muestra nos presenta dos capas de una misma experiencia vivida:Alejandra que va, se moja los pies, se vuelve íntima con el paisaje, se hace paisaje; Alejandra que regresa, despliega sus hallazgos sobre la mesa a modo de laboratorio y se sienta a jugar-pensar. Es un ejercicio constante de ida y vuelta, entre la entrega íntima al lugar y la toma de distancia, para absorber sensorialmente el paisaje, tomar conciencia de su peso afectivo en nosotros y volver a él nuevamente, fundirse en él.

Las obras dispuestas en La Pecera nos permiten jugar en una de estas escalas. La disposición de los objetos en este semi-laboratorio nos permite la toma de distancia, el ejercicio de observación. Aglomeraciones de roca, arena, materia orgánica, plásticos, metales, provenientes de los tres cuerpos de agua y sus bordes. Cilindros altos con capas de sedimentos apilándose unas sobre otras; muestras de agua y arena de cada ecosistema; terrarios, lupas, pinzas.

El acto, sin embargo, no se detiene meramente en lo contemplativo. La pecera deja también espacio a la experimentación: una mesa de mediación con plumas, goteros, hojas y pigmentos hechos a base de plantas y del óxido de una boya encallada en Ocean Park. Los públicos son llamados a involucrarse en ese ejercicio del pensar-jugar, que permea el modo de Alejandra de acercarse al lugar.

En La Nave, somos invitados a una videoinstalación de carácter casi meditativo. Nos dejamos llevar por los ritmos de las tres aguas, voces corales murmullan llamados desde el fondo de estas. Por momentos, el lenguaje sobra, los sonidos de las voces se hacen guturales, animalescos, ininteligibles. La experiencia del paisaje está en el cuerpo, sin mediación lingüística. En este habitáculo somos incentivados a dejar que nuestros cuerpos entren en este vaivén de aguas, hasta posiblemente olvidar que somos fuera-de, y sentir en el cuerpo que somos-en. Una red de pesca que se extiende a lo largo del techo nos cubre, nos mantiene sumergidos.
El rostro de Alejandra también regresa, como marca de su trabajo ya desde 2012. Lo vemos en el video, en la vitrina a modo de medusa, entre los frascos de laboratorio como un espécimen más a ser catalogado. Alejandra se infiltra en todas las capas del proceso creativo que hace guiños con la experimentación científica. Sin expectativas de objetividad, cada objeto es seleccionado por criterios íntimos, su presencia lo atraviesa todo, al mismo tiempo que todo a su alrededor la permea.

La pregunta que queda para cada uno de nosotros es cómo decidimos vincularnos con los territorios que habitamos, cómo nos dejamos transformar por ellos, cómo los transformamos en el proceso. Alejandra apela a esa entrega al otro, otro más que yo, más que humano, que me desdibuja, en cuyo encuentro mis límites se hacen difusos. Pensar,entonces, en la herida ambiental de ese territorio-paisaje solo revela el riesgo de mi propia destrucción, porque soy eso que habito, mis límites imprecisos como las confluencias de estas aguas.
Alejandra nos ofrece un modo de relacionamiento íntimo, insistente, entregado. Nos dice, volvamos a nuestros territorios, sentémonos con ellos, en ellos, sintamos el roce en nuestra piel, el paisaje sonoro que nos envuelve, su capa olfativa, la vibración en el cuerpo. Preguntémonos, ¿Qué vínculo tengo contigo?, ¿de qué otro modo podría quererte?, ¿cómo puedo desdibujarme en ti hasta recordar que tú y yo somos la misma materia vibrante?

Deseo creer que este ejercicio afectivo y de presencia que nos ofrece Alejandra nos lleve a recordar-imaginar modos de cuidar y luchar por estos cuerpos-territorios que somos. ¿Qué dinámicas son necesarias para que nos comprometamos con lo que habitamos? La invitación no es meramente a un acto contemplativo, como ya nos recordaba Antoni Muntadas, Atención: La percepción requiere participación.


Camila Arbeláez, Curadora

Junio 2026



CRÉDITOS
Asistente audiovisual: Nito Cilintano
Asistente de montaje: Mariana Reyes López
Toma del muelle: Virginia Scaro
Tomas nadadoras: Virginia Scaro y Santiago Edye
Piano en nave audiovisual: Dany López
Magma Futura:  Alex Saúl y Elianne Litwin
Equipo Magma Futura: Sabrina Srur, Luisa Leborgne y Sofía Ruiz
AGRADECIMIENTOS
Alberto González, Alfonso Campomar, Alfonsina Alonso, Daniel Delgado Clavijo, Federica Odriozola, Gabo Castro, Ignacio Roel, Julia Vilches, Lorena Quiroga, Lucía Kelmanzon, Marcela Guzzo, María José Lussich, María Saravia, Mariangela Giaimo, Mariana Rodríguez Iglesias, Natalia Revale, Romina Krasinsky, Santiago Brum